Sesión 10_Caminando paisajes

 Visita a la Quinta de Bolívar con la profesora Tatiana Urrea Uyabán. 


Recorrido guiado por el jardín mestizo y la huerta de la casa-museo Quinta de Bolívar y visita al nacimiento del río Vicachá. Percepción de olores, sonidos, texturas y sabores del paisaje, más allá de las impresiones simples de la vista. 

Algunos resultados de la visita:

Hugo Caicedo





Sofía Garrido




Giovanny Nova


































Comentarios

  1. La Quinta de Bolívar corresponde un ejercicio de laboratorio de paisaje incluso único en Colombia. En su acceso ingresan de forma inmediata las percepciones sonoras de distintos animales, brisa y movimiento que prevalecen incluso a pesar del alto flujo vehicular que alcanza a escucharse hacia el interior de la hacienda. La vegetación decorativa está cuidadosamente dispuesta al rededor del jardín. Por ejemplo, hacia el acceso los troncos dominantes y robustos de los eucaliptos marcan un límite frente al exterior y otorgan la fortaleza necesaria para comprender la importancia que tenía la hacienda y a su vez los habitantes. La Quinta de bolívar, aún en la actualidad, está tan específicamente configurada que representó y aún representa un espacio de descanso y conexión con la naturaleza. Los caminos, en su encuentro con el piso se integran a él a raíz de componerse de rocas agrupadas; dejando en la mayor medida posible otro tipo de material constructivo que interrumpa el enfoque orgánico. Existen distintas fuentes que, por su naturaleza artificial llaman la atención y configuran hitos de contemplación dentro del mismo jardín.
    Permeando el aspecto netamente físico y ecológico del paisaje a analizar, la intención meditativa de los usuarios de la Quinta de Bolívar aún se percibe latente; Existen distintas barreras sonoras que impiden o dificultan a las personas conectarse con otras entidades que no pertenezcan al entorno natural. Así mismo, los espacios delimitados o "recintados" con vegetación dan aún más vida a la intención subyacente. Todos los espacios que configuran el paisaje lo permiten autoabastecerse y generar conexiones internas como raíces. Un ejemplo de esto son las fuentes, el ingreso y la conexión inmediata con percepciones diversas, la ubicación de la casa sobre un podio de observación al tiempo que está inmerso en el paisaje observando las dinámicas, el espacio de la cocina vinculado con el exterior, una zona de cultivo de alimentos o especias completamente orgánicas. La Quinta de Bolívar es el planteamiento mismo del regreso de cualquier usuario a la conexión con la naturaleza y su pureza.

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  2. El paisaje que permea a la Quinta de Bolívar y a su entorno natural, se ve afectado por los personajes históricos que han hecho presencia en el lugar, y que han dejado testimonio de esta paso; impregnando al paisaje de unas reminiscencias y carácter de contemplación que vinculan a este edificio con la historia de independencia del país.
    Del mismo modo, el río San Francisco en su recorrido por los cerros orientales, también deja testimonio de los elementos naturales que en algún momento habitaron la ciudad, y que se han perdido por dar paso a una construcción y modernización que no busca de conservar y homenajear al patrimonio natural del lugar.

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  3. Al interior de una ciudad tan concurrida y caótica como Bogotá, aún se conservan espacios verdes y ajenos a los que estamos acostumbrados, estos lugares son producto del legado de nuestros antepasados y su conservación en el tiempo permite que, como visitantes, tengamos una lectura distinta y de aprendizaje sobre el entorno. Ese el caso de la Quinta de Simón Bolívar, una casa que en la actualidad se conserva como un museo, sin embargo, los motivos que impulsaron nuestra visita no era la vivienda sino el entorno en el cual estaba inmersa. El recorrido empieza con un traspaso por los muros que recitan y aíslan la quinta, y continua con una inmersión dentro de la misma. Al ingreso, lo primero que nuestros sentidos perciben, son una gran variedad de elementos que llaman nuestra atención, un relajante sonido con sensación de paz, una visual llena de distintos tonos y colores con vegetación nueva o ya conocida, y un olor a naturaleza que iba cambiando según la planta a la cual nos acercabamos.

    Una vez fuimos conscientes del espacio en el que nos encontrábamos, decidimos empezar a recorrerlo, adentrarnos en los senderos y admirar a cada paso las distintas especies de plantas e insectos que nos rodeaban. De hecho, al prestar más atención, pudimos escuchar un leve sonido por el paso del agua, pues teníamos como telón de fondo a las montañas de Monserrate y Guadalupe, y con ellas el Río San Francisco, elementos simbólicos que hacen parte de la identidad de la ciudad y de los bogotanos. La experiencia fue única y distinta a las que solemos tener al interior de una ciudad, pero sobre todo al interior de una vivienda, este gran patio es prueba de la conexión del hombre con la naturaleza, el cuidado de sus jardines, crea espacios sociales y de contemplación que son complementados por la presencia de una huerta, un espacio asociado a la cocina que reúne varias dinámicas en torno a la actividad de la alimentación, la reunión y el compartir con la familia y amigos. La Quinta Simón Bolívar, es un espacio abierto que nos permite una reconexión con el paisaje natural, una reflexión del espacio y una admiración multisensorial lleno de olores, colores, sonidos, texturas y sabores que se adentran en nuestro ser y nos remiten a un estado de tranquilidad.

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  4. El jardín mestizo, el jardín mixto o el jardín bolivariano. único en su tipo, se configura como paseo controlado y salvaje, casi sin rasgos de sus antepasados, sin adoración a alguien o algo especifico, con muchos caminos y atarjeas que dirigen y conducen el agua para que todo este conectado y vivo. A su lado derecho viendo a la casa de bolívar su parte más ordenada pero con libertad de crecimiento, a su costado izquierdo, su parte mas sinuosa en altura y mas salvaje para estar junto a la casa del libertador, miles de colores, unas cientos de especies de seres biológicos, unos cuantos olores y muchas sensaciones. En su parte mas elevada que corresponde a la parte trasera de la quinta, el jardín mas domesticado, la siembra controlada de especies para surtir a la quinta, en su mejor época surtiría a toda su realeza y a sus sirvientes, en esta época una forma de recordar pequeñas tradiciones o practicas de supervivencia y domesticación de la naturaleza, hoy día para servir a sus vecinos o curiosos estudiantes con curiosidad por formas, lógicas, usos, olores y nuevas texturas que conocer.
    Quinta de bolívar, caminando paisajes. Laura Borda

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  5. El jardín mestizo de la Quinta de Bolívar nos sumerge en la historia de esta casa de recreo y de unos jardines de un estilo muy particular en el que se combinan diversidad de especies siguiendo un mestizaje de estilos de jardines y de culturas.
    La entrada la enmarcan unos enormes pinos cipreses y después nos encontramos por diferentes senderos que nos permiten visitar el jardín y las diferentes dependencias de las casas.
    El jardín está lleno de historias y relatos en sus intrincados recorridos acompañados de flores de todos los colores. En él nos encontramos en un ambiente húmedo alejado del trajín de la ciudad, a pesar de que el crecimiento de Bogotá ha llegado hasta sus muros perimetrales.

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  6. La Quinta de Bolívar constituye un entorno natural e histórico inmerso en una ciudad tan desordenada e indiferente como es gran parte de Bogotá. Personalmente no sabía de la existencia de este lugar, como muchos bogotanos, pero el estar allí fue una experiencia que permitió que por un momento no nos sintiéramos en el entorno urbano normal. Fue como aislarse de los sonidos, olores y colores que identificamos como parte de nuestra ciudad, para oír el rio, oler las flores y las plantas cultivadas y apreciar el verde salpicado de otros colores que conformaba el paisaje del jardín mestizo.
    El lugar en sí y su huerta funcionaron como recordatorios de las tradiciones que no conocemos o hemos perdido, no conocemos realmente nuestra historia y ciudad, ni siquiera conocemos la proveniencia de lo que comemos y bebemos a diario. Esta concientización es importante para no solo aceptar el paisaje y apropiarlo solo para sentirnos que pertenecemos a un lugar, pues esa pertenencia en la ignorancia nos deja un sinsabor cuando vemos realmente que es lo que podría hacer parte de nuestra realidad.

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  7. El paisaje al interior de la Quinta de Bolívar, el jardín mestizo, conservado en medio de lógicas tan agresivas con los sentidos (Bogotá), es una experiencia compleja y sorprendente, la reflexión en torno al impacto de abrir todos las capacidades sensoriales al espacio, leer el entorno desde la captación de estímulos, despiertan interés por todos los aspectos que componen la relación del hombre con la naturaleza, la historia detrás de cada proceso, el cómo habitamos el entorno, incluso, nuestro papel en ese desarrollo.

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  8. La Quinta de Bolívar nos transporta a un lugar de paz y tranquilidad, en el que se puede conectar con la naturaleza y se es consciente de su importancia, como la arquitectura está en función de esta y se complementan para brindar la mejor experiencia de las personas que visitan el lugar. Además, da cuenta de cómo se habita y las costumbres de la antigua Bogotá. La organización de los espacios y sus dimensiones son el reflejo de la época y sus costumbres. Así mismo, a huerta alimenta el corazón de la casa, que es la cocina, en ella se cultiva el sustento de las relaciones de sus habitantes. Por otro lado, la relación de la vivienda con el agua, el reconocimiento de su importancia y a la cercanía al rio mantiene el respeto y el vinculo con los inicios de la naturaleza.

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  9. La mejor descripción que puedo hacer de la Quinta de Bolívar, es que su jardín mestizo, es toda una experiencia fenomenológica (más aún, cuando se es ciudadana de Bogotá, una ciudad tan contaminante para los sentidos…mucho ruido, aires contaminados, anuncios, etc). La Quinta de Bolívar, dentro de la ciudad, actúa como un búnker, que protege uno de los mayores tesoros de la ciudad: el paisaje. Al entrar, son un sin fin las percepciones que se tienen: multiplicidad de colores, formas, alturas y sensaciones. Un poco más adentro, en medio del “orden“ del jardín mestizo (que recuerda cosas del jardín francés y cosas del jardín inglés), hay algunos jardines más pequeños a los cuales se les asocia un significado, como el jardín donde hay un árbol que representa la unión americana (y por ello, colocaron tierras de todos los países de nuestro continente), o otros jardines, que pasan a un segundo plano, pasándole su papel de protagonistas a algunos objetos singulares, como las armas del ejército de Simón Bolívar, mientras que el jardín las ornamenta. Sin embargo, es al fondo de la casa donde la experiencia fenomenológica se incrementa: en el huerto, donde además de los colores, texturas, formas y tamaños, se empieza a hacer más notable un rasgo nuevo: el olor. Olor, proveniente de todas las plantas que sirven para las comidas y remedios y por ello, se ubican cerca a la cocina. Este recorrido, también es acompañado fuertemente por la experiencia fenomenológica de la escucha, pues a pesar del distante pero aún presente sonido de los carros, es perceptible un nuevo sonido para la ciudad: el río. Algo que siempre nos acompañaba y que ahora, por nuestras ansias de modernizar la ciudad, preferimos ocultar y mandar para los canales. Y no es para menos, justamente, el nacimiento del Río Vicachá se encuentra muy cerca a la Quinta de Bolívar.

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  10. Los jardines como los de La Quinta de Bolívar representan manera de modificar la percepción del ambiente a través de la disposición vegetal para propiciar diferentes habientes como espacios con cancelación del exterior o el desarrollo de huertas donde se cultivan todo tipo de plantas para alimentar y curar. Además, este espacio es una muestra de la adecuación de influencia extranjera para acomodarla en paisajes criollos y la importancia de crear espacios que se complementen entre sí para conformar ecosistemas que transmitan diversas sensaciones.

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  11. El paisaje de la Quinta de Bolívar refleja la historia de un modo de vida, de una actividades y de una realidad distinta a la que tenemos hoy en día. del mismo modo y un poco en contraste con el rió San Francisco refleja que el paisaje cuidado y protegido trasciende, mientras que en el caso del río San Francisco si bien existen elementos naturales que perduran, ha habido una alteración invasiva al paisaje original.

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  12. La visita a la Quinta de Bolívar nos da una mirada diferente a la percepción y conservación de paisaje que es común, porque realmente al estar inmerso en el lugar da a comprender que la naturaleza y los años que lleva gestando su vida en ese lugar transmiten paz de una manera única, mostrando que a lo largo de la historia es posible tener una convivencia conjunta con la naturaleza, y que la cantidad de beneficios que puede traer a la vida cotidiana es inmensa, como por ejemplo la huerta, en conjunto con el conocimiento de las plantas que se encuentran allí pueden ayudar a la vida o incluso quitarla, el poder de la naturaleza es inmenso y el poder aprovechar los beneficios sin invadir y dañarla es un acto sumamente complicado hoy en día. De igual manera el la ignorancia que está presente en la mayoría de la sociedad frente a la naturaleza, es un claro ejemplo de cómo nosotros como habitantes de la naturaleza nos hemos distanciado de su entorno y beneficios, por esto el estar en medio de la Quinta y toda su vegetación que puede tener décadas de vida, me hacía sentir ignorante pero no abrumado por mi ignorancia, más por el lado de qué hay mucho conocimiento allí que es posible conocer y respetar, dentro de mi sentimiento de ignorancia dentro del recorrido no fue difícil entender que las cualidades y belleza de la naturaleza debe ser respetada a pesar de no conocerla.

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  13. Un choque entre dos perspectivas totalmente diferentes; la ciudad y la naturaleza. Tal diferencia se percibe entre el afuera y el adentro de la Quinta de Bolívar, sitio privilegiado por la escala de vegetación y silencio que se puede apreciar, llegando quizá al punto de olvidar que aún se encuentra dentro de la ciudad, especialmente en su centro, tan caótico y ruidoso. Fue la paz traída por el silencio lo que permaneció más, al menos desde mi perspectiva, cambiando la medida del tiempo en mi cabeza.

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  14. Milton Yesid Tovar Salamanca27 de noviembre de 2022 a las 14:04

    Siempre he pensado que un jardín es la mayor forma de expresar la continuidad de las cosas, de la vida misma, es la mejor manera de entender el paso del tiempo, a través de cada uno de los seres que lo componen. Cada singularidad presente en el jardín expresa un conocimiento nuevo, cada planta o árbol, una vida de difusas tempestades y estaciones, cada flor, un enfrentamiento a posibles acontecimientos, que buenos o malos, dejaron su marca en el mismo, es en jardín, donde se ve reflejada la tenacidad, la perduración y el esfuerzo. La visita a la Quinta de Bolívar, fue una buena oportunidad para reflexionar sobre todo lo enunciado y a su vez, seguir aprendiendo sobre muchísimas más cosas.

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  15. Claudia Lorena Angulo Valverde27 de noviembre de 2022 a las 14:51

    En el tránsito de este paisaje los pensamientos que permeaban mi mente eran todas esas memorias que estaba recorriendo con cada pisada, con cada olfateo a las plantas y flores, esas plantas de diferentes especies, el tacto de las paredes rusticas, los sonidos de las aves, ese contraste del sonido de la cuidad y de ese lugar histórico donde te transportas a otra época. El aire, el clima, los olores, los sonidos, todos ajenos a la ciudad y de esa modernización; además de que muy pocas personas saben de la existencia de este lugar, me impacto que al preguntar por la dirección de este sitio me miraban confusión, pues claramente hemos olvidado sitios que marcaron nuestra historia y olvidar la historia es olvidar una parte de nosotros.

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  16. El paisaje de la quinta de Bolívar nos lleva al concepto del jardín mestizo, donde se puede observar no solamente especies autóctonas de la región, sino que también especies que tienen un peso cultural importante en la historia del territorio, siendo un espacio de diversidades que lleva a la paz. En este lugar, cada espacio tenía una característica que lo hacia diferente al anterior, donde cada flor, cada árbol, cada insecto llevaba consigo un significado y un papel importante en el desarrollo del ecosistema. Así mismo, la visita al río san francisco significo acercarse más a lo que la ciudad entierra debajo de las vías por no considerarlo importante, sintiendo la naturaleza que atravesaba la ciudad.

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  17. La visita a la Quinta de Bolívar me permitió encontrar en medio de la ciudad y el transcurrir de los días en Bogotá, un espacio en donde la historia se mezcla con lo relevante de la ciudad que se relaciona a tener un espacio de cultivo, donde se reconozca la posibilidad de tener un espacio de huerta en tu propio lugar y a la vez la cercanía con el río San Francisco y la imponencia del ser humano en su cause.

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  18. Es interesante ver como cambia la manera en que percibimos la ciudad, estar en la Quinta de Bolívar puede cambiar incluso nuestros sentimientos, pasar de caos, ruido, desorden y contaminación … a paz, tranquilidad, armonía con la naturaleza, sin siquiera salir de la ciudad.

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  19. Durante la visita al Museo La Quinta de Bolivar, con dar un solo paso se logra sumergirse en un mundo fuera del ruido, la contaminación, compuesto de animales, plantas, flores y cuerpos de agua que logran penetrar nuestros sentidos. Durante el recorrido, la paz, la tranquilidad y el silencio fueron parte de este. Por otro lado, este es un claro ejemplo de que cada lugar tiene una memoria, un pasado o incluso una historia que no fue contada.

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  20. A través del recorrido hacia el paisaje del museo de la Quinta de Bolívar, es posible vislumbrar un entorno dentro de otro aún más grande. Un paisaje oculto que contrasta fuertemente con respecto a nuestros ambientes cotidianos. Siendo un interés especial el poder explorar estas burbujas verdes en un ambiente tan caótico como el que vivimos diariamente.

    Vislumbrar el reflejo de nuestra cultura,trayeneo recuerdos de lo que nosotros hacemos, únicamente con una variable de tiempo. Naturaleza que evoca en las personas, y lugares que propician la reunión en esta interacción de jardín con casa.

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  21. La Quinta de Bolívar es un lugar donde se aprecia la relación que existía en la época con la naturaleza, cómo se relacionaban con ella, y como era de gran importancia el agua y la posibilidad de acceder a ella, a su vez vemos como el desarrollo del jardín mestizo combina especies propias, sino también otras de gran importancia, transmitiéndonos una atmósfera específica y tranquila, que se pierde entre una ciudad caótica.

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  22. Es interesante lo que sucedió en la visita en la Quinta de Bolívar, en el cual me pareció un lugar reciproco con lo que corresponde a un laboratorio del paisaje, en el cual dicho experimento, (objeto-naturaleza )se relacionan de tal manera que el objeto pone en práctica todos sus sentidos tales como tacto, olfato, vista, gusto, y oido; esto en tanto experiencia personal reflexiva.

    En tanto experiencia crítica considero que el planteamiento (naturaleza- lugar) es un planteamiento ejecutado con total exactitud ya que dispone la naturaleza al acomodo de las necesidades y esta, se acomoda de manera que hace pensar que fuese por voluntad propia.

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  23. Mayra Alejandra Ninco Rincón

    Primeramente, decir que es un lugar precioso. En segundo lugar quiero hablar de contraste. Cruzar la entrada de la Quinta de Bolívar es salir de la ciudad, casi teletransportarse dos horas de viaje fuera del bosque de concreto que vivimos día a día. Se respira verde, se escucha la montaña (probablemente el sonido del río cuando aún no eramos concientes que estaba al lado), se detiene el tiempo... así se siente visitar la casa de un hombre de guerra.

    Cuando salimos a la vía, por la que alguna vez pasó a cielo abierto el río, y nos contaron que era el lugar donde tiraban los cuerpos desmembrados, pensé dos cosas. Primero, la atmosfera del jardín fue aún más potente, pues la acompañaba el sonido del agua montaña abajo y segundo, el aire romantico de la casa se tropieza con la idea de que el dueño mataba personas y las tiraba al río, era otra vida.

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  24. Aquí expongo desde la experiencia personal, pues era la primera vez que entraba a la Quinta de Bolívar y fue una experiencia bastante agradable. De por sí Bogotá nunca ha sido de mi completo agrado, fue la ciudad donde crecí y nunca logré conectarme con la realidad que me ofrecía; sin embargo, aquella visita me hizo replantearme aquella mirada en muchos sentidos ¿Cómo es posible que me sintiera fuera de Bogotá estando dentro de Bogotá? ¿Cómo no había visto los cerros desde esta perspectiva? ¿Era posible escuchar un río tan cerca estando en la ciudad? los aromas, los espacios y el ambiente fueron una experiencia muy bonita, y la explicación de la profe Tatiana de cada uno de los aspectos de la Quinta solo hizo la experiencia mucho más provechosa.

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  25. Wellington Martinez Villota: La importancia de este tipo de espacios inundados por la naturaleza se hacen tan imprescindibles cuando el paisaje urbano de asfalto nos absorbe, dentro del museo podemos observar lo imponente de la vegetación, como esta arma el paisaje, nos hace reflexionar de nuestro ejercicio profesional, como diseñamos ciudad sin desprendernos de la naturaleza.

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  26. https://drive.google.com/file/d/136jCL_keStuPyNSq3d9PO5xnJ_q-WXKZ/view?usp=sharing

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